Los 40 y el plan que me salvó de la crisis

Actualizado: 4 ago
Muchas personas me preguntan por qué pasé de reestructurar grandes empresas a reorganizar la empresa de mi propia vida, y a acompañar a otros a hacer lo mismo a través de mi Método RIETE. Si tú también tienes curiosidad, sigue leyendo.

Cuarenta años de investigación para construir una empresa de vida exitosa
EL PERIODO DE INVESTIGACIÓN
El alma nunca se equivoca: diseña los escenarios que necesita para poder cumplir su deseo de experimentar eso que vino a experimentar.
Durante la primera parte de mi vida, la mía me llevó a propósito por el camino de la abogacía tradicional. Pasé brevemente por el derecho a la competencia y los litigios, y después me especialicé en derecho corporativo, financiero, de fusiones y adquisiciones y en procesos de insolvencia. Durante ese periodo, elegí trabajar en uno de los ambientes más tradicionales y exigentes que puede escoger un abogado: las firmas de abogados.
Hoy entiendo que esa era una parte importante de la escuela que necesitaba durante los primeros 40 años de la empresa de mi vida, los cuales, según Carl Jung, corresponden al “periodo de investigación” de un ser humano.
Los activos del periodo de investigación
En mi periodo de investigación, me destaqué porque mi mente racional aprende rápido, conecta ideas, las ordena y sabe comunicarlas. Además, era una trabajadora incansable, y en el laboratorio de experimentación que elegí, esas son aptitudes preciadas. Recuerdo que desde que era una abogada junior, busqué pensar como si ya fuera socia de una gran firma y no una aprendiz a la que otros tuvieran que enseñarle. Era ambiciosa, buscaba oportunidades para participar en transacciones grandes, me ocupaba de entender las estructuras y no solo de cumplir las tareas que me delegaban, prestaba atención para recordarle a los líderes de las transacciones aspectos importantes para los proyectos, proponía ideas y asumía mi responsabilidad cuando algo salía mal. Así fui escalando y ganando autoridad con resultados, y demostrando mi criterio con los entregables que salían de mis manos. De esa forma me aseguré de volverme un activo importante en mis equipos de trabajo.
La experiencia hace al maestro Igualmente importante para mi ascenso en esos sistemas fue entender, desde muy temprano, que el verdadero aprendizaje ocurre experimentando y estando cerca de quienes te llevan un camino por delante. Por lo cual, estratégicamente fui eligiendo a mis mentores y aliados, me preocupé por entender la cultura corporativa y por comportarme de acuerdo con las normas no escritas que operan en estos entornos.
Esas normas no aparecen publicadas en ninguna página, pero están profundamente arraigadas en la cultura y dictan cómo hay que vestirse; cómo, con quién y de qué hay que hablar; cuántas horas hay que trabajar o a quién hay que caerle bien. Son aquellas reglas invisibles que realmente determinan la pertenencia.
Esos más de 13 años de ejercicio como abogada tradicional me enseñaron que, como en cualquier oficio, en la abogacía la experiencia y la pericia para leer esos códigos ocultos hacen al maestro.
También aprendí que, a menos que una persona sea muy consciente de la forma en que elige y se comporta, el aprendiz termina pareciéndose mucho a sus maestros. La fuerza de la cultura mayoritaria arrastra; se requiere mucha fortaleza interna para cuestionarse a uno mismo, y para establecer límites propios que te permitan moverte con autenticidad y dignidad.
Mi experiencia me enseñó que a punta de trabajo duro y sacrificio se puede construir una vida que se ve exitosa por fuera y que se siente miserable por dentro. Experimenté de primera mano que el liderazgo en los ambientes corporativos puede construirse desde una profunda soledad e inseguridad interna que se traduce en querer controlarlo todo, en el autoabandono, en la complacencia y en la tiranía hacia uno mismo y hacia los otros.
Quienes hemos actuado desde ese nivel de consciencia pocas veces podemos verlo mientras está ocurriendo. Algunos nos damos cuenta después y nos hacemos cargo; otros nunca llegan a hacer consciencia de ello ni se ocupan de transformarlo.
A mis 36 años decidí renunciar a la forma en que estaba ejerciendo mi profesión, porque me di cuenta de que me estaba convirtiendo en una persona que no quería ser. En muchos sentidos, me caía mal a mí misma. Además, mi familia, mis amigos y yo misma estábamos pagando un precio altísimo por la forma en que estaba construyendo ese "éxito" profesional: la falta de presencia.
Pero si no hubiera pasado por ese laboratorio y vivido en carne propia sus efectos, no podría estar hablando con autoridad de la reorganización de empresas de vida en bancarrota. Si antes no hubiera estado en esos zapatos, no sería igual de buena acompañando a profesionales exitosos en procesos de reorganización personal, y entendiendo la frustración que producen los conflictos y crisis que hoy acompaño. Esos conflictos internos que no se resuelven solo con una chequera y desde la mente racional, los que se viven en silencio y pocos se atreven a nombrar hasta que llega una crisis que los hace evidentes: una enfermedad, una pérdida, un divorcio, un despido o la incapacidad de construir lo que realmente quieren (como tener una pareja amorosa, una familia, tener un trabajo con propósito no que solo pague las cuentas, o criar hijos en un ambiente de bienestar).
Si no hubiera pasado por esta escuela tampoco se me hubiera ocurrido que los equipos de alto rendimiento y los clientes frustrados con los resultados de la abogacía tradicional necesitaban nuevas respuestas a sus problemas. ¿Y por qué sé que existen esa frustración y ese agotamiento? Porque los viví y desde que salí por la puerta de la última firma en la que trabajé, no paran de llegarme relatos que confirman que esta realidad no ha cambiado:
Equipos disfuncionales: Grupos de trabajo que sacan adelante transacciones gigantescas, pero que están profundamente rotos a nivel humano.
Contradicción profesional: Abogados expertos en resolver casos de terceros, pero completamente incapaces de lidiar con sus propios conflictos internos.
Clientes resignados: Personas que se aguantan a los abogados porque los ven como un mal necesario, y no como aliados estratégicos.
Conflictos estancados: Clientes atrapados durante años en disputas que los métodos legales tradicionales solo han empeorado.
Cuando las personas te ven como una desertora del sistema, se abre un espacio para que se vuelvan sinceras sobre lo que sienten, y yo no doy por sentado ese privilegio.
Lo que sí me he propuesto a mí misma es que, en lugar de sumarme a la crítica destructiva, voy a actuar desde lo mejor que conozco para proponer soluciones innovadoras.
La corrección del rumbo
Cuando redirigí el rumbo, me llevé mis mejores activos conmigo: mi valentía, mi capacidad de aprender rápido, de entender estructuras, de sacar proyectos adelante, mi disciplina, mi responsabilidad y mi capacidad de reírme de mí misma.
Antes de implementar mi plan de reorganización personal, era una abogada con dinero, pero en déficit de salud y gozo. Sin embargo, cuando me aparté de la senda tradicional no lo hice con rencor. Al contrario, me fui y sigo estando profundamente agradecida con el sistema, porque estar en él me permitió ver los vacíos que existen e identificar las oportunidades que hay para personas dispuestas a salirse de la caja.
Explorar nuevos rumbos era algo le debía a esa mujer en crisis que era a mis 36 años, la que no podía conformarse más porque estaba desesperada por un cambio. Ella, la que lloraba sola en su casa y después se ponía una armadura que hacía a otros pensar que todo estaba bajo control, ha sido mi norte en la búsqueda de respuestas que me han ayudado a atravesar los conflictos internos que me desconectaban del gozo.
Tuve que salirme del sistema al que pertenecí porque, ni la abogacía tradicional, ni nadie en ese sistema supo darme buenas respuestas para llegar a la raíz de los conflictos que no me dejaban vivir en paz. Y la mujer que soy no se iba a quedar tranquila con la frase que muchas veces recibí en estos sistemas: esto es lo que hay.
Todo lo que he hecho en los últimos años ha tenido el propósito de volver a mi versión de ese momento y decirle con nuevos ojos: "Te tengo las soluciones que otros no pudieron darte".
Buscando respuestas para mí, terminé encontrándome con nuevas visiones de la abogacía. Estas nuevas miradas me han permitido replantear mi profesión para acompañar a profesionales en conflicto y a clientes de servicios legales a quienes la abogacía tradicional no ha podido darle buenas soluciones.
Y es que el alcance de la abogacía tradicional es limitado y muchas veces superficial ante la complejidad y profundidad de los factores que impactan las relaciones humanas y empresariales, pero de esto te hablo más adelante.
Aunque le di un giro a la forma en la que veo la vida, a mis prioridades y a la visión que tengo de la abogacía, sigo conservando y he potenciado esos atributos que me hicieron destacar en su momento, solo que los uso de otra manera.
Conservar mi esencia transformando lo que no me servía me permitió reorganizar la empresa de mi vida a tiempo y llegar a mis 40 años en superávit de confianza y disfrute. Vengo con nuevos ojos a traer renovación a esta industria, y con suficiente experiencia probada como para sentirme segura de compartirlo.
Hoy me gusta ver mi vida como una gran empresa, y abajo te cuento cómo empezó la reorganización más importante en la que he participado en estos primeros 40 años.
El punto de quiebre: La crisis que lo cambió todo
La empresa de mi vida no entró en crisis a los 40; mis quiebras vinieron antes. Y hablo en plural porque no fue una, fueron varias.
Con cada crisis renegocié mis relaciones, cambié de proveedores e inventé nuevos productos que sostuvieran mi existencia mientras perseguía esos dividendos de paz, enfoque y vitalidad.
Entre mis 13 y mis 36 años, fui una empresaria con resultados mediocres. Los dividendos de plenitud eran escasos y estacionales. Llegaban principalmente en las vacaciones o en momentos en los que realmente estaba presente con la gente que quería, sin usar máscaras de protección; cuando estaba en la naturaleza sin señal, cuando comía algo rico sin afán, o cuando soltaba el miedo a equivocarme y compartía mi conocimiento con otros para sacar adelante un proyecto. Aparecían cuando tenía la paciencia para retroalimentar a alguien de mi equipo con amor y no desde la tiranía. En resumen: cuando el corazón tomaba el mando; pocas veces le permitía hacerlo.
Durante esos años, la CEO (directora ejecutiva) de mi vida era una mente cargada de memorias dolorosas que la habían endurecido y que dependía de los aplausos exteriores para sentirse valiosa. El COO (director de operaciones) era un sistema nervioso en estado de alerta constante, que veía peligro en cada error, había aprendido a desconfiar y se resguardaba en la lucha y la disociación cuando se sentía amenazado. Y casi siempre se sentía amenazado.
Con este par al mando, los espacios para la tranquilidad, la conexión y el gozo sin culpa eran casi imposibles; simplemente no formaban parte de la cultura corporativa de mi vida.
La CEO, mi mente, se creía muy inteligente. Olvidaba que la empresa no funcionaba sin salud. Explotaba sin piedad a todo el cuerpo y, cuando los demás órganos se quejaban, los drogaba con cualquier medicamento para que se mantuvieran en pie.

Había elegido emprender en la industria de las firmas de abogados porque era un terreno seguro para la acumulación de dinero que, en su plan de negocios, representaba la materia prima para garantizar la tranquilidad, la seguridad y el éxito. Le había comprado una franquicia de negocio a quienes eran los mejores del sector porque eran reconocidos y ganaban premios.
Mientras pasaban los años, el dinero se acumulaba, pero la satisfacción duradera —esos dividendos de una vida que se sintiera bien vivida— no se sostenía en el tiempo. Cada vez que llegaban los reportes de resultados donde la alegría escaseaba, y la depresión y el agotamiento iban al alza, la CEO, mi mente racional, salía a buscar asesores externos. Ellos le decían que eso era normal, que así funcionaba esta franquicia.
Aunque invertía una fortuna en estrategias para optimizar la energía, los retornos de inversión seguían siendo negativos.
En el 2020, la crisis fue tan profunda y los resultados de placer por la vida tan pobres, que tuve que declararme en bancarrota emocional.
Ahí empezó un periodo de reestructuración radical. Despedí a la junta de asesores externos y senté en mi mesa directiva a las únicas verdaderas expertas en mi felicidad: la niña que amaba explorar el mundo y se conectaba con el juego, mi yo del futuro que ya había superado crisis idénticas y sabía cómo sacarme de ahí, y la guerrera valiente que no le temía al cambio.
El primer acto de esta nueva junta fue destituir a la CEO y dejarla como personal operativo. Nombraron al corazón como el nuevo CEO, reconociendo todos esos años de trabajo silencioso en una oficina poco iluminada y cerrada con llave.

¿Qué es la abogacía holística? Misión, Visión y Valores de una nueva cultura
Todas las empresas son sistemas, es decir, un conjunto de elementos interconectados alrededor de un propósito común. Mi nuevo CEO, el corazón, tenía claro que la empresa de mi vida pagó un precio muy alto por no tener una misión, visión y definición clara de valores que fueran coherentes con el plan que mi alma se había trazado. Por eso, su primer acto como director fue poner un norte en donde enfocar la energía, que fuera la base de la nueva cultura corporativa y al cual pudiera volver cuando me asaltaran las dudas.



Auditoría interna y alianzas estratégicas para el crecimiento
Como nuevo CEO, mi corazón devolvió la franquicia que llevaba años dando pérdidas y empezó a trabajar de la mano con el COO. Cuando mi sistema nervioso empezó a regularse, se abrió espacio para conectar desde la curiosidad y permitirme el juego y la creatividad.
El corazón realizó una auditoría profunda para encontrar los sistemas operativos que causaban la bancarrota, renegoció los contratos vinculares desequilibrados u obsoletos, invirtió en investigación y desarrollo de un nuevo servicio alineado con esta visión y creó alianzas estratégicas con nuevos socios para potenciar su impacto.

Los hitos de mi reorganización:
La auditoría profunda: En Peyote, mi casa rodante, recorrí Sudamérica durante un año; una experiencia que me regaló espacios de silencio, reconexión con la naturaleza y reflexión profunda.
Renegociación de contratos vinculares: Por años me conté la historia de que mi padre me había abandonado. Pero a través de ejercicios sistémicos (constelaciones familiares y otros) comprendí que el tipo de relación que teníamos respondió a nuestro contrato de almas. Yo no tuve un padre presente y consentidor, tuve uno que me amo en la distancia y como podía, lo cual me permitió crecer con una libertad poco convencional. Cuando comprendí esto, escribí un nuevo contrato, uno que no condiciona mi amor y gratitud a que él se comporte como yo me imagino que debería. Abrazarlo como es me permitió tomar su fuerza en este nuevo camino de vida.
Inversión en investigación y desarrollo: En los últimos tres años me he formado como facilitadora de Quantum Leap Training™, coach de vida de Latam Coaching Network al haber completado el programa LIT Club de Carolina Angarita y Betlem Gomila, y coach jurídica y mentora de Utópica Escuela Hispanoramericana de Estrategas de Paz de Rossana Bril (antes Escuela de Sabiduría Bril). Además, completé el Programa en Pensamiento Sistémico y Constelaciones Cuánticas de la Sociedad Brasileña de Derecho Sistémico en alianza con Utópica, los programas de Transgeneracional I, II y III de la misma escuela, y el entrenamiento básico en Contratos Conscientes de J. Kim Wright y Ana Luiza Etchalus.
Alianzas estratégicas con propósito: En esta nueva apuesta profesional colaboro estrechamente con Rossana Bril (estratega de paz y referente internacional en la resolución de conflictos desde la perspectiva sistémica), para expandir Utópica y anclar la mirada evolutiva al abordaje y resolución del conflicto, el cual, en esta escuela, vemos como un gran maestro.
Además, me he unido a Ivonne Casado para crear Afrodita Alquímica, una red de mujeres comprometidas con compartir herramientas para trascender las narrativas del sacrificio y vivir en gozo. Al mismo tiempo, junto a Juan Viana creé Tikkun, espacios donde la ciencia y la espiritualidad se unen para dar herramientas prácticas que permiten gestionar la ansiedad, potenciar la resolución de conflictos y alinear el desarrollo personal con las ambiciones profesionales del mundo corporativo.
Gracias a este cambio, la mente se transformó en una empleada estrella. Con la misión, visión y valores claros, y sin la presión de tener que sostener o controlar lo que no estaba en sus manos, empezó a trabajar mucho mejor y a tomar decisiones más sabias. Tanto así, que fue una pieza clave en el desarrollo de los nuevos servicios de la empresa de mi vida, que ahora se dedica a acompañar a profesionales exitosos y a equipos a resolver conflictos para pasar del agotamiento y la bancarrota emocional, a generar dividendos reales de paz, enfoque y vitalidad en medio del caos.
Mi mente fue la primera en comprobar la efectividad de cada nueva herramienta, fórmula y estrategia, dando el visto bueno para salir al mercado solo cuando se cumplían sus exigentes estándares de calidad.
A partir de ese conjunto de fórmulas efectivas que utilicé a lo largo de los años para reconectar con el corazón y moverme de una forma más amable y amorosa, creé mi propia metodología:

RIETE (Revisa - Indaga - Explora - Transforma - Expresa) parte de la base de que todos los conflictos, crisis y quiebras de felicidad que experimentamos en la vida tienen una raíz inconsciente que los sostiene. Con las distintas herramientas en las que me he formado y el bagaje de mi trayectoria profesional como abogada tradicional, me he dedicado a estructurar soluciones para esos conflictos que durante años no pude resolver solo desde la cabeza o con el conocimiento jurídico convencional.

Todos los seres humanos cargamos memorias emocionales inconscientes (personales y ancestrales) en la biología. Esas memorias determinan la forma en que percibimos el mundo, impactan nuestra salud física y mental, y determinan nuestro sentido de posibilidades. Distintas ramas de la ciencia moderna, como la neurocardiología, la neurobiología, la epigenética y la física cuántica, explican que el corazón es el órgano que procesa esta información emocional e informa al cerebro de nuestro estado; el cerebro, a su turno, instruye al resto del cuerpo cómo debe comportarse de acuerdo con esas señales que recibe. Nuestros conflictos internos y en las relaciones (personales, familiares y profesionales), tienen su raíz en esta información inconsciente. Por eso, solo hasta que hacemos consciente esa información y la transmutamos, podemos realmente trascender los bloqueos, patrones y conflictos que nos aquejan y cambiar nuestra realidad. En la abogacía holística, hacemos consciente la raíz inconsciente del conflicto, problema o bloqueo del cliente, para así poder trascenderlo.
Con RIETE he empezado a ir allí donde la abogacía tradicional no llega, a la raíz inconsciente del conflicto. Mi trabajo actual no resuelve los conflictos solo desde la mente racional, encuentra y transmuta la frecuencia emocional que está en el corazón.
Este es el enfoque y la metodología que traslado a todos mis servicios actuales y a mis alianzas en Afrodita Alquímica, Tikkun y en mi labor como mentora de Utópica Escuela Hispanoramericana de Estrategas de Paz (antes Escuela de Sabiduría de Rossana Bril).
RIETE atraviesa todo lo que hago y ofrezco:
Sesiones individuales de las herramientas de autoconocimiento profundo en las que me he certificado —como Quantum Leap Training™ y Constelaciones Cuánticas.
Procesos personales que acompaño a través de la hoja de ruta de RIETE Personal Journey.
Servicios de abogacía holística, donde encontramos la raíz inconsciente de los temas legales usando herramientas del coaching jurídico, pensamiento sistémico y transgeneracional, y trabajamos para transcender el conflicto con una nueva mirada.
A través de este método, he entendido que mis primeros cuarenta años eran la investigación que necesitaba para poder diseñar una vida alrededor de lo que me dicta el corazón, que siempre ha sido el que realmente sabe a qué vine.
El método RIETE es lo que me ha permitido llevar a esta empresa de vida de la bancarrota emocional a su momento más próspero en la generación de dividendos de seguridad, confianza, salud y relaciones sanas.
Creo que todos los seres humanos tenemos la capacidad de vivir una vida plena, más allá de las circunstancias externas que nos rodeen. No quiero que otros sigan mi camino; mi propósito es acompañar a personas y equipos dispuestos a hacer una reorganización profunda que les permita pasar del agotamiento y la bancarrota emocional a dividendos de paz, enfoque y vitalidad.
Eso es lo que deseo para ti que me lees, y por eso no hay mejor manera de celebrar mi vida que compartiendo este método contigo.
Los Activos del Método RIETE: Herramientas para superar las crisis de salud y gozo
Para conmemorar estos 40 años, durante todo este año estaré compartiendo a través de mis redes sociales más información sobre mí, las herramientas —o como me gusta llamarlos ahora: Activos del método RIETE— y el proceso de reorganización que me trajo hasta aquí.
Por eso, quiero iniciar por presentarte uno de los activos estrella para la auditoría interna:
Quantum Leap Training™ (QLT™).
Antes de reorganizar tu vida, necesitas saber qué creencias la están dirigiendo.
Quantum Leap Training™ —QLT™— es una metodología de autoconocimiento y desarrollo de la metacognición: la capacidad de observar y reflexionar sobre tus propios pensamientos y emociones como un tercero imparcial, para elegir con mayor consciencia cómo actuar. Es una herramienta profunda y noble para indagar en los pensamientos que generan sufrimiento, acceder a la información inconsciente que sostiene tus conflictos y reprogramar creencias o patrones limitantes que, muchas veces sin darte cuenta, están tomando decisiones por ti.
¿EN QUÉ ESTADO SE ENCUENTRA LA EMPRESA DE TU VIDA?
Tal vez antes de comenzar a reorganizar la empresa de tu vida, necesitas comprender cuáles son esas creencias que hoy están dirigiendo tu empresa interna: cómo eliges, cómo reaccionas, cómo te vinculas, cómo te proteges y cómo administras tu energía, tus relaciones y tu paz. QLT™ es una herramienta para obtener ese diagnóstico profundo y abrir la posibilidad de tomar acción desde un lugar más consciente.

Soy Paula Buriticá, abogada, facilitadora en resolución de conflictos internos y creadora del Método RIETE. Después de más de 10 años ejerciendo el derecho en firmas de abogados en Colombia y Estados Unidos, y de vivir mi propio proceso de reorganización personal y profesional, integré mi experiencia jurídica con herramientas de autoconocimiento, pensamiento sistémico, neurociencia aplicada, análisis transgeneracional y metodologías integrativas para acompañar a personas y equipos en procesos de transformación profunda.
Creé el Método RIETE como una invitación a mirar de raíz la información inconsciente que sostiene nuestros conflictos, reprogramar los patrones que limitan nuestro avance y diseñar un plan más consciente para la empresa de nuestra vida.
Te invito a conocer más sobre el Método RIETE y descubrir los servicios que pueden ayudarte a crear tu propio plan de reorganización personal, profesional y emocional.


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